Ernesto regresa a Valle Bermejo, el pueblo de su infancia, luego de varios años de ausencia. Allí recuerda la amarga lucha de sus padres por llevar a la práctica sus ideas socialistas, formando una cooperativa con los habitantes del pueblo para defender su producción lanera frente a las grandes empresas.
Estructurada como un largo flashback que va del principio al final del film, la historia se cuenta a través de la mirada, parcial e inocente, de Ernesto, un adolescente deslumbrado y aturdido por las ideas de aquel grupo que, además de sus padres, integraban una monja tercermundista y un geólogo español recién llegado al lugar.
El film -sólido en su narración y desbordante en emotividad- marcó el retorno al cine argentino de Adolfo Aristarain casi una década después de haber filmado Últimos días de la víctima y haberse visto obligado a dejar el país.
La película fue un enorme éxito de público y crítica, y vivió una polémica al no ser enviado al Oscar por las instituciones argentinas. Aristarain consiguió entonces una nominación por Uruguay, pero la película fue descalificada antes de la entrega por las autoridades de la Academia de Hollywood, enteradas de que se trataba de una producción argentina y no uruguaya.