Los directivos de una compañía grabadora descubren que sus canciones son pirateadas. Un detective y su ayudante salen a la búsqueda de la banda de delincuentes involucrada en el delito.
Cuarta película de una serie de comedias musicales pasatistas de tramas simples matizada con canciones. La particularidad de ésta -y también de la segunda, La playa del amor- es que fue dirigida por Adolfo Aristarain, uno de los mejores cineastas argentinos.
Aristarain había debutado en cine dos años antes con el muy buen policial La parte del león y, en tiempos de crisis para el cine como los años de la dictadura militar, aceptó dirigir por encargo estas dos películas.