Finales del siglo XVIII. La Revolución Francesa ha entrado en la etapa más sangrienta. El Marqués de Sade se las ingenia para escapar de la ejecución, pero es enviado a Charenton, un asilo para enfermos mentales. Coulmier, el cura del hospicio, le permite escribir y montar obras de teatro utilizando a los otros pacientes como actores.
Cuando Justine -un escabroso libro que el Marqués compuso recluído-, es publicado, Napoleón, enojado, envía a Charenton a un médico famoso por sus violentos métodos de "rehabilitación" para que ponga orden. Pero el Marqués usará vino e incluso su propia sangre para escribir sus historias. Y dictará sus trabajos a Madeline, una joven lavandera que, aunque fascinada por la personalidad de Sade, declina sus frecuentes pedidos para satisfacer su apetito sexual.
Basada en una obra de teatro de Doug Wright -quién también escribió el guión del film-, Letras prohibidas: La leyenda del Marqués de Sade fue dirigida por Philip Kaufman, que previamente documentó la relación entre el erotismo y la literatura en Henry y June (1990) y La insoportable levedad del ser (1988).