Vito Corleone, capo de una familia de la mafia neoyorquina encumbrada mediante el chantaje a comercios y el juego clandestino, resiste la presión de grupos rivales para entrar al negocio de la venta de drogas. Su joven hijo Michael, que aspira a una vida legal y en paz, se ve obligado a defender la sangre.
Junto con su continuación, El Padrino -versión fílmica de la novela de Mario Puzo- es una de las obras más reverenciadas de la historia del cine. Celebrada por la crítica y el público, ya sea por las actuaciones, los diálogos, la música o el montaje, este film es objeto de un culto masivo solo comparable al que generan obras como Lo que el viento se llevó, Casablanca o El Ciudadano.
El Padrino ha tenido enorme influencia en el cine del último cuarto del siglo XX: no solo creó -y agotó- el género de los relatos sobre la mafia, sino que estableció el concepto de que una superproducción puede ser también una obra maestra indiscutible. También ayudó a cristalizar algunas tendencias narrativas sobresalientes del cine contemporáneo, como el montaje paralelo de escenas simultáneas, el relato coral y la estilización de la violencia.
Este film ganó tres Oscar y lanzó repentinamente a la fama a su director, Francis Ford Coppola, hasta entonces director y productor de films de bajo presupuesto y escaso éxito, que empezó así una de las carreras más intensas, creativas y erráticas de Hollywood. El elenco -Marlon Brando, Al Pacino, Diane Keaton, Robert Duvall, James Caan, Talia Shire, Sterling Hayden, John Cazale- es impresionante no solo por sus nombres, sino por el nivel interpretativo.