El Padrino II retoma la historia de la familia Corleone en el punto al cual había llegado la primera parte, pero con una vuelta de tuerca: mientras sigue el ascenso de Michael en el mundo del crimen durante los años 50, reconstruye los primeros años del padre de Michael, Vito, desde que escapa, aún niño, de la violenta Sicilia hasta que comienza a dar sus primeros pasos como líder mafioso en Nueva York, en las primeras décadas del siglo XX.
En 1974 Francis Ford Coppola ya no es un director desconocido. El primer "Padrino" le ha dado fama, tres Oscar y absoluta libertad creativa. Eso se nota en esta segunda parte, que la mayoría de los críticos encuentra superior a la primera y que recibió seis Oscar, entre ellos los de Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Guión.
Coppola comienza a dar en esta película muestras de la megalomanía que luego estallaría en Apocalypse Nowy Corazonada. Además de la compleja estructura narrativa y la gran cantidad de personajes, el film abunda en escenarios (Nueva York, Las Vegas, La Habana, Sicilia) y en temas: es a la vez un tratado sobre el amor y el odio, sobre la familia y su desintegración, sobre la ley y el delito, sobre el hambre de poder y el hastío de él.
Pese a tanta pretensión, el resultado es sorprendente: con solo dos años de diferencia, El padrino II es un trabajo mucho más moderno que su predecesor, y aún a comienzos del siglo siguiente luce como una obra contemporánea. Este producto de la industria hollywoodense se da el lujo de contar una historia sin buenos ni moral alguna, en la que hay abortos sin culpa, crímenes sin castigo y hasta un guiño favorable a la Cuba de Fidel Castro.
El equipo es el mismo de la primera parte (Mario Puzo como coguionista, Dean Tavoularis en la dirección artística, Gordon Willis en la fotografía, Nino Rota en la música y el padre de Francis, Carmine Coppola, en la dirección orquestal).
Otra vez el casting es fundamental: muchos de los actores de la primera parte (Pacino, Keaton, Duvall, Cazale, Shire), ahora convertidos en superestrellas, dan lo mejor de sí. Pero la nota descollante es Robert De Niro, todavía un actor de segunda línea, en el rol del joven Vito Corleone.