En el año 2019, una corporación produce clones humanos en escala industrial, conocidos como "replicantes". Debido al comportamiento violento e imprevisible de estas criaturas, su código genético está programado para que vivan apenas cinco años y solo pueden trabajar en colonias extraterrestres.
Pero cinco de ellos se amotinan y logran llegar a Los Angeles, donde un ex policía es reclutado para descubrirlos y exterminarlos.
Pese a tratarse de una obra sumamente despareja -afectada por una narración lenta, unas pobres actuaciones y la melosa música de Vangelis-, Blade Runner es uno de los films imprescindibles de su tiempo, ya que su cruce de géneros y su concepción visual marcaron a fuego la estética del cine hollywoodense de las últimas dos décadas del siglo XX.
Esta obra es el primer film importante de ciencia ficción que propone que el soñado siglo XXI está demasiado cerca y no será el sueño futurista imaginado por el género sino solo una versión hipertrofiada del presente: ciudades inmensas en las que nadie habla el mismo idioma, hacinamiento y caos.
El director Ridley Scott confirma la maestría en el uso de los escenarios que ya había demostrado en sus dos primeros films: Los duelistas y Alien, el octavo pasajero.
Aunque las interpretaciones bordean la caricatura, los nombres elegidos son un acierto: Harrison Ford como el policía exterminador, el gigante holandés Rutger Hauer como el líder de los replicantes, Daryl Hannah como su compañera y Sean Young en el principal rol femenino. Edward James Olmos y M. Emmet Walsh aportan sus rostros característicos para personajes secundarios.
La historia, basada en la clásica novela de ciencia-ficción de Philip Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, cruza el policial negro con el romance y la fantasía y plantea cuestiones éticas y existenciales alrededor de la ingeniería genética que en 1982 sonaban delirantes pero en el siglo XXI ya se discuten en los periódicos.
La edición, en 1993, de un "corte del director", confirmó la condición de objeto de culto que alcanzó este film, pero no ayudó mucho a su prestigio: sin narrador en off, con el agregado de escenas oníricas y un final distinto, la obra pierde bastante de su magia original. Una secuela en forma de novela, un videojuego y dos documentales también forman parte del legado de esta obra.