Recién separada de su marido, la señora Altman quiere comprar una casa, un lugar seguro donde poder vivir con su hija. El sitio que encuentra está en el Upper West Side neoyorquino y tiene una particularidad: incluye una "panic room", habitación especialmente construida como refugio para los dueños -tiene provisión independiente de electricidad, aire y agua, entre otras cosas- para encerrarse y resistir en ella en caso de una invasión a la propiedad.
La intrusión no se hace esperar. En la primera noche en el nuevo hogar, madre e hija se ven obligadas a enclaustrarse en la habitación. Tres hombres irrumpen en la casa -suponiéndola aún vacía- y lo que buscan está dentro del propio escondite que ellas ocupan.
La película carece de la intensidad necesaria en un thriller, aunque lleva la firma en su realización de David Fincher -Seven - Pecados capitales, El club de la pelea-, lo que asegura despliegue visual y todo tipo de destrezas con la cámara.
Criticada también por la fragilidad en el delineamiento de sus personajes y las actuaciones, tiene en el rol central a Jodie Foster -asumió el papel con cuatro meses de embarazo por el obligado retiro de Nicole Kidman, lastimada en una pierna durante el rodaje de -Moulin Rouge - Amor en rojo, - y a Forest Whitaker.