En el ocaso de sus días de éxito como cineasta, Viktor Taransky ve reverdecer su popularidad con el estreno de su nuevo film, protagonizado por una joven, bellísima y desconocida actriz, Simone, que se convierte inmediatamente en una superestrella del cine. El secretro de Taransky es que su creación es literalmente eso: un producto digital, diseñado por él mismo con un nuevo software.
El director Andrew Niccol se detiene nuevamente en la delgada línea que separa realidad y fantasía (como en The Truman Show, de cuyo guión es autor), aunque esta vez resuelve la trama por el lado de la sátira.
La ausencia en los sets, premieres y reportajes de Simone -cuyo origen digital nadie conoce ni cuestiona- la convierten en un verdadero mito, lo que permite a Niccol ironizar a sus anchas sobre el comportamiento de las grandes figuras de Hollywood.
El protagonista del film -que no logró seducir ni a la audiencia ni a la crítica estadounidense- es un contenido Al Pacino, acompañado por una actriz digital que tomó rostro, figura y movimientos de Rachel Roberts.