Segunda parte del cuarto film de Quentin Tarantino sobre la venganza de una asesina a sueldo (Uma Thurman) que, traicionada por su jefe, es víctima de un ataque mafioso durante su boda.
Tras haber eliminado a algunos de los responsables secundarios de sus desventuras en la primera parte, en esta mitad la protagonista quiere completar su lista y concentrarse en la eliminación de Bill, su ex jefe (David Carradine, apenas presente en la primera parte).
El furor cinéfilo de Tarantino se mantiene en esta continuación que acumula tantas referencias a géneros y películas destacaddos de la cultura pop universal que el resultado oscila irregularmente entre el homenaje, la reinvención y el ridículo.
Sin embargo, aunque ambas partes de este díptico fueron concebidas y realizadas como un único film (partido luego en dos por razones comerciales), esta segunda mitad se distingue por el hecho de que sus personajes, sin dejar de lado sus rutinas de combates a muerte, se vuelven más sentenciosos en sus diálogos a medida que se acerca el clímax narrativo.
Asimismo, en esta segunda parte Tarantino retoma su adicción al flashback para dar nuevo sentido a la historia de venganza que había sido planteada de manera muy básica en la primera parte, descubriendo así pliegues ocultos en las relaciones que unen o enfrentan a los personajes.