En la noche de Año Nuevo en una comisaría de Detroit a punto de ser clausurada, policías y ladrones deben resistir juntos el brutal asedio de una banda armada dispuesta a exterminarlos por motivos poco claros. Remake del clásico independiente de 1976 que dio inicio al culto de la obra del director estadounidense John Carpenter.
Esta versión agrega presupuesto (US$ 20 millones, contra los US$ 100.000 que costó la original), nombres (Ethan Hawke, Laurence Fishburne, Maria Bello, Gabriel Byrne, Brian Dennehy) y varios giros al argumento de Carpenter, que no era otra cosa que una traslación del western Rio Bravo, de Howard Hawks, a un suburbio de Los Angeles en los años 70.
Sin embargo, ninguno de los agregados logra superar la pérdida de sentido y contexto que la obra sufre con su adaptación. El film original mezclaba las reglas del western con el clima opresivo de otro clásico independiente del período, La noche de los muertos vivientes (George A. Romero, 1968), para criticar a una sociedad que, tras la derrota en Vietnam y bajo la amenaza de la guerra nuclear, comenzaba a vivir agobiada por una paranoia crónica.