Robin Williams, cada vez más lejos de la máscara de payaso vitalista que le dio fama como comediante, protagoniza este thriller de ciencia ficción de atractivo argumento y despareja realización.
El film describe una sociedad imaginaria, similar a la nuestra, pero en la cual se ha impuesto una extraña práctica social: implantar en el cerebro de las personas al nacer un chip que registra en vídeo todos los momentos de su vida. Al morir, los deudos encargan a especialistas la edición de una selección con los mejores recuerdos del difunto, denominados re-memorias.
Williams -en un papel cercano al que hizo en Retratos de una obsesión- encarna a uno de estos editores de vidas ajenas. Acostumbrado a ver, sin tomar partido, las miserias de otros para eliminarlas de sus montajes audiovisuales, el personaje entra en crisis cuando se le encarga editar el pasado de un magnate sospechoso de haber abusado sexualmente de su propia hija.
Esta obra es el debut en el largometraje del director y guionista Omar Naim, que muestra algunos problemas para hacer foco en la historia y tiende a perderse en subtramas sin valor dramático. Con Mira Sorvino y James Caviezel.