EEl séptimo largometraje de animación digital de Pixar, el que originalmente iba a ser el último de la relación comercial de este estudio con Disney, terminó por ser el primero de la empresa de Steve Jobs como parte del imperio del ratón Mickey.
Desafortunadamente, el fruto de esta fusión no está a la altura de sus predecesores. Aunque Cars iguala o supera en maestría visual y técnica a sus antecesoras, la historia está severamente lastrada por las escasas posibilidades dramáticas de su idea central. Si Pixar ya había utilizado juguetes, bichos, monstruos y peces como protagonistas de sus historias, esta vez, echando mano de una vieja idea del equipo creativo, puso a coches en el centro de la trama.
En un mundo poblado exclusivamente por automóviles dotados de voz y personalidad, un joven coche de carreras en mala racha se pierde en la mitica ruta 66 y va a parar a un pueblo que conserva el espíritu sencillo de los años 50.
El resultado es una obra demasiado larga (dura casi dos horas) y aburrida para niños y demasiado ingenua para mayores. Por primera vez, Pixar pierde el pulso entre los dos públicos que es clave para cualquier éxito comercial en este género.
Ni siquiera los regresos de John Lasseter -fuerza creativa de Pixar- al sillón de director tras siete años y el de Randy Newman con su música (ausente desde Monstruos, SA) basta para corregir los problemas. Tampoco el desfile de voces de famosos en los roles principales: Owen Wilson, Paul Newman, Michael Keaton y los corredores profesionales Michael Schumacher y Mario Andretti.