Director, productor, guionista y actor norteamericano, fue uno de los más grandes innovadores del cine. Con su obra cumbre, El ciudadano, inició el lenguaje narrativo moderno del cine.
Perteneciente a una familia poderosa y poco convencional, fue un niño prodigio: estudió música y pintura en el Chicago Art Institute y se licenció en Letras siendo adolescente. Actuó a los 18 años en el Gate Theatre en Irlanda y luego ingresó en la compañía de la actriz Catherine Cornell, donde comenzaron sus éxitos. En 1935 fue director y actor del Federal Theatre, fundado por el gobierno. Junto al director y productor John Houseman fundó, en 1937, el Mercury Theatre.
El 30 de octubre de 1938, en la típica celebración de Noche de brujas, hizo creer a toda la sociedad estadounidense que los extraterrestres estaban invadiendo la Tierra con la emisión radial de La guerra de los mundos (War of de World), de H.G. Wells. Por su notoriedad, el presidente de la RKO le ofreció un contrato sin precedentes para debutar en el cine.
Ese debut se produjo en 1941 y nada menos que con El ciudadano, todavía hoy considerada la mejor película jamás filmada en casi todos los ámbitos cinematográficos. La combinación de recursos propios del séptimo arte con otros de origen teatral, literario y gráfico conviertieron a El ciudadano en una obra absolutamente renovadora del lenguaje cinematográfico. Rápidamente, y pese a su corta edad, Welles fue elevado a la categoría de genio.
Soberbia consolidó sus búsquedas innovadoras, pero fue mutilada por la RKO mientras Welles se encontraba en Brasil filmando It's All True, un documental que quedó inconcluso por falta de presupuesto.
Sus complicaciones económicas lo llevaron a actuar en films de distintos directores, para luego volver a la realización con El extraño, La dama de Shangai y Macbeth, que rodó con un presupuesto ínfimo y en tres semanas y media.
Cuando terminó este último film decidió trabajar en Europa para mantener su independencia. Allí, con muchas complicaciones, realizó Otelo. Las dificultades pasaron a formar parte de su estilo, siempre innovador. Tanto Mr. Arkadin como Sed de mal y su versión de El proceso, de Franz Kafka, son indagaciones en temas y géneros recurrentes: la imposibilidad de conocer la verdad en la biografía de un hombre, la ambigüedad del bien y del mal y la intriga policial.
Posteriormente dirigió Campanadas a la medianoche, Historia inmortal, Fraude y Filmando Otelo, todos "films-ensayo" en los que reflexionó sobre su obra y el arte en general.