Actor estadounidense, arquetipo del héroe del western, fue una de las figuras más emblemáticas de la historia de Hollywood pese a que nunca fue considerado un actor dúctil ni de grandes condiciones interpretativas.
Nacido en Iowa, se introdujo en el ambiente cinematográfico durante unas vacaciones de la universidad, que aprovechó para trabajar en la Fox. Así comenzaron a llegar sus primeros trabajos. En 1926 participó en The Great K & A Train Robbery bajo el nombre de Duke Morrison. Al año siguiente ya había adoptado el seudónimo con el que se haría mundialmente conocido: John Wayne. El bautismo fue obra de su amigo John Ford, que por esa época iniciaba su enorme carrera como realizador.
Poco versátil, hizo papeles secundarios durante varios años y lideró algunos westerns clase B. Hasta que en 1939 protagonizó La diligencia (Stagecoach, 1939), film de Ford que inició una nueva etapa en su carrera y lo convirtió en sinónimo del hombre del Oeste, duro, valiente, inconmovible.
En los años siguientes protagonizó muchos de los más famosos films de Ford, como Sangre de héroes (Fort Apache, 1948), La legión invencible (She Wore a Yellow Ribbon, 1949), Rio Grande (ídem, 1950), El hombre quieto (The Quiet Man, 1952) y Más corazón que odio (The Searchers, 1956). La lista de trabajos en conjunto incluye nada menos que 31 títulos.
Durante la II Guerra Mundial encarnó también a héroes militares en películas como Los tigres voladores (The Flying Tigers, 1942), de David Miller, y Fuimos los sacrificados (They Were Expendable, 1945), también de Ford. En 1948 lo dirigió Howard Hawks en Río Rojo (River Red, 1948) e inició con este film otra etapa de éxito como un héroe más profesional. Bajo la dirección del mismo Hawks fue protagonista de Río Bravo (ídem, 1959), El Dorado (ídem, 1967) y Río Lobo (ídem, 1970), especie de versiones sobre un mismo tema.
A principios de la década del 50 -asociado con sus hijos Michael y Patrick-, formó la productora Wayne-Fellowes, que después se llamó Batjac. Bajo esa estructura, en 1955 debutó en la dirección con Blood Alley y en 1960 dirigió la popular y polémica El Alamo (The Alamo).
Su perfil político conservador, que había dejado entrever en algunas películas, se manifestó claramente durante la década del 60, cuando apoyó la guerra de Vietnam. Para completar esta identificación con las ideas imperialistas de su país, produjo y dirigió Los boinas verdes (The Green Berets, 1968), apoyada por el público pero no por los críticos.
En 1964 le detectaron un cáncer de pulmón. Aun así, siguió trabajando y realizó 19 films más. La recompensa le llegó en 1969, año en que ganó el Oscar con Temple de acero (True Grit), de Henry Hathaway, donde se parodiaba a sí mismo. Su última actuación, un año antes de morir, fue en El tirador (The Shootist, 1978), de Don Siegel, donde encarnó a un vaquero viejo al que le quedaban pocos días de vida.