Parte de la trinidad de cineastas japoneses más celebrados -junto con Akira Kurosawa y Kenji Mizoguchi-, Ozu suele sere presentado por los biógrafos como el más "japonés" del grupo, por oposición a la fuerte relación de Kurosawa con Occidente.
Especialista en dramas y comedias contemporáneas, Ozu también fue opuesto a Kurosawa en temas y estilo: sus films son sencillos y despojados de artificios narrativos y cuentan pequeñas historias de personas comunes, lejos de la grandeza épica del creador de Rashomon.
De sus muchas obras, la más celebrada es Historias de Tokio (1953), considerada por la crítica como una obra maestra.